Por: Jairo Faría Romero

Los árboles constituyen una excelente bomba fertilizadora a doble vía puesto que extraen o bombean nutrientes desde las capas más profundas del suelo, hasta la superficie en forma de hojas, ramas y frutos, que son descompuestas por la macro, meso y micro fauna del suelo, incorporándolo al mismo, en un reciclaje permanente; mientras la raíz del pasto tiene 0.2 a 1.5 metros, los árboles tienen raíces aproximadamente iguales a su altura. Significa que bajan entre 10 y 20 m de profundidad, reciclando diversidad de nutrientes del suelo (Cu, Zn, Mg, Mb, Co y otros 40 elementos)

Cuando se trata de árboles leguminosos, estos, además, bombean hacia el suelo, fijando el nitrógeno atmosférico, mediante asociaciones simbióticas en las células de los rizomas de sus raíces enriqueciendo aún más su fertilidad. Diez árboles leguminosos maderables, fructíferos y frondosos detallados más adelante, logran captar y fijar aproximadamente 100 kg de N ha/año. Se recomienda plantar mínimo 25 árboles leguminosos por ha (distancia de 20 x 20 m. Algunos sistemas silvopastoriles poseen hasta 100 árboles por ha (1 árbol cada 10 m).

Todas las gramíneas necesitan fósforo y también nitrógeno, el cual, en este mundo, escaso de energía, debería ser fijado desde el aire y a bajo costo, por las raíces de las leguminosas nativas o introducidas, mediante simbiosis con bacterias del género Rizobium.

El aire que respiramos contiene 79 % de nitrógeno. En el caso de pasturas asociadas con leguminosas herbáceas, arbustivas o arbóreas, estas pueden fijar entre 50 a 900 kg/ha/año de nitrógeno (Hamdi, 1985), sin requerir, de su aplicación como fertilizante a los potreros. Cuando se aplica una alta fertilización química nitrogenada, las leguminosas tienden a desaparecer (Botero, 2012)

Los sistemas silvopastoriles de alta densidad soportan como máximo 400 árboles por ha (1 árbol cada 5 m). Se deben usar para esto, árboles que permitan que el sol penetre hasta el suelo. De esta forma se logra máxima fotosíntesis, y con ello el ecosistema del suelo será más vivo, los suelos estarán más fértiles y productivos; esto permitirá que el terreno en tan favorables condiciones de equilibrio natural, logre soportar a plenitud y con estabilidad su mayor carga de animales.

Los estudios realizados en ecosistemas de pastizales, indicaron que la tasa de descomposición de la hojarasca muestra marcadas variaciones entre las especies de pastos, y es más rápida en las leguminosas que en las gramíneas (Crespo, 2013).

Se ha encontrado mayor cantidad de proteínas y de biomasa en las forrajeras bajo la sombra de estos árboles; el microclima bajo los árboles es más favorable para el crecimiento de los organismos del suelo (Peso y Ibrahim 1998) Las lombrices, bacterias y hongos nitrificantes del suelo, no sobreviven a la inclemencia de los rayos solares, que además secan el pastizal por evaporación del agua de los mismos, eliminando gran parte de la biota haciendo los suelos cada vez más infértiles, causando desertización.

Las gramíneas poseen en sus espacios celulares entre sus raíces, las micorrizas que ayudan en la absorción de fosforo en suelos con bajos tenores de ese elemento, pues aumentan el volumen de raíces que exploran el suelo en busca de nutrientes.

El acolchado de los suelos es una práctica que consiste en dejar recuperar, madurar o semillar el pasto en aquellos potreros de inferior condición dentro de una rotación, para luego guadañarlo totalmente y dejarlo en el suelo; esa cubierta vegetal superficial, estimula la retención de agua y la biocenosis o desarrollo de la vida del suelo, así como el crecimiento de bacterias aeróbicas (Pseudomonas, Azotobacter, Azospirilium y otras citófagas), que como organismos autótrofos (fabrican su propio alimento), fijan una inmensa cantidad de nitrógeno atmosférico en sus tejidos, que al morir lo incorporan al suelo.

La disposición y procesamiento de las excretas en un sistema silvopastoril comparado con el mismo efecto encontrado en un sistema de pastoreo sin árboles, ha determinado que en el sistema silvopastoril se presentó una rápida descomposición de las bostas de bovinos, con una pérdida de 94 % de su peso pasadas las 168 horas de haber sido excretadas; en el sistema sin árboles sólo habían perdido alrededor del 40 % a las 168 horas. En el sistema silvopastoril, se encontró mayor número de individuos por m2 de la fauna del suelo con respecto al tratamiento control, lo cual influyó positiva mente en la velocidad de descomposición de la excreta. Se observó una disminución rápida en el conteo fecal de huevos de parásitos del ganado y una reducción en el porcentaje de infestación de las excretas en el sistema silvopastoril, el cual fue del 100 % a los siete días de haber sido depositados; en el pastizal sin árboles, fue del 85 %.

La mayor presencia de coleópteros en el sistema silvopastoril se relacionó positivamente con la velocidad de descomposición y con la reducción del porcentaje de infestación de las excretas (Núñez y Espinosa 1998).

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