¿Por qué los veterinarios se suicidan tanto? – Zootecnia y Veterinaria es mi Pasión
Zootecnia y Veterinaria es mi Pasión

¿Por qué los veterinarios se suicidan tanto?

La tasa de suicidios de los veterinarios es la más alta de todas las carreras técnico-científicas. El estrés, la presión social y la carga emocional entre las causas de esta cruel estadística. Pero hay algo más 

 

Una encuesta llevada a cabo en Estados Unidos muestra que 1 de cada 10 veterinarios sufre estrés psicológico.

Un estudio presentado en la convención anual de la AVMA arroja cifras preocupantes.

Cerca del 10 por ciento de los veterinarios presentan estrés psicológico en Estados Unidos y, de estos, el 17 por ciento reconoce haber considerado alguna vez la idea del suicidio desde que terminó su formación en la Facultad.

Es solo un síntoma, hay estudios científicos oficiales que corroboran los datos de redes sociales. Se ha demostrado que la tasa de suicidio entre veterinarios es dos veces mayor que entre dentistas, más del doble la de los médicos, y hasta 4 veces mayor que la de la población en general.

En la última convención anual de la American Veterinary Medical Association (AVMA), celebrada en Boston del 10 al 14 de julio de 2015, un estudio presentado por el médico Randall J. Nett de Centers for Disease Control and Prevention (CDC) mostraba una cifras preocupantes respecto al nivel de estrés psicológico entre la profesión veterinaria, según explica una noticia publicada en Vin News Service.

El estudio se llevó a cabo en Estados Unidos en 2014 mediante una encuesta a la que respondieron más de doce mil veterinarios y cuyos resultados incluyeron finalmente las respuestas de 11.627 profesionales que cumplieron con los criterios de selección fijados en el estudio. Los resultados muestran que casi 1 de cada 10 veterinarios en activo sufre estrés psicológico y, lo que es más grave, un 17 % de estos ha considerado en alguna ocasión la idea del suicidio desde que se graduó en la Facultad. Paralelamente a este estudio en el 2014 el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos hizo también una encuesta a 10.000 veterinarios con resultados sorprendentes. Más de uno de cada seis veterinarios estadounidenses habían considerado seriamente la posibilidad del suicidio. No es casualidad. Los veterinarios se deprimen más.

No es la primera vez que se publican datos de este tipo en Estados Unidos, que indican que los profesionales veterinarios estén quizás sometidos a demasiada presión: según el artículo Finding calm amid the chaos, publicado en 2013 en la web de AVMA, los veterinarios tienen un índice de suicidios entre 3 y 4 veces superior a la media de la población. El estudio presentado en la convención de AVMA de 2015 señala que las demandas judiciales por la actividad clínica y los problemas para hacer frente a las deudas contraídas para pagar los estudios son las dos principales causas de las ideas suicidas.

¿Qué hace que la profesión veterinaria sea tan estresante?

La pasada primavera, un post del blog Si mi perro hablara (Fatiga por compasión, el síndrome silenciado de veterinarios y cuidadores de refugio), daba algunas claves de por qué los veterinarios son un colectivo con un alto nivel de estrés psicológico que, en algunos casos, acaba de forma fatal.

El post explica que veterinarios clínicos y etólogos, así como voluntarios y trabajadores de refugios y protectoras, están en contacto diario con animales enfermos y, lo que resulta más impactante, las tragedias de animales maltratados y abandonados. Las viven en primera persona y no son ajenos a su sufrimiento. Así, acaban padeciendo fatiga por compasión (o desgaste por empatía), que es una forma de estrés traumático secundario.

El veterinario es un profesional muy expuesto, con los mismos problemas que los médicos de humano y, normalmente, con peor remuneración y prestigio. Una profesión con una gran exigencia y con dificultades enquistadas.

A diferencia de los médicos el veterinario tiende a trabajar solo en su clínica, lo que aumenta el aislamiento y eleva el riesgo de depresión. En ambas carreras hay una altísima exigencia académica y se tiende a un “perfeccionismo socialmente prescrito”, con altos niveles de competencia y un miedo al fracaso que suele provocar ansiedad.

Si nos centramos en los veterinarios en sus consultas, tienen que atender animales gravemente heridos o enfermos y, en ocasiones, vérselas con propietarios que no tienen como prioridad el bienestar de sus animales de compañía. Por otra parte, muchos etólogos y educadores caninos o felinos también hacen frente a la resolución de complicados problemas de comportamiento, compartiendo el sufrimiento del animal y sus propietarios durante la terapia de modificación de conducta.

Pero eso es propio de otras profesiones también exigentes. Hay una razón exclusiva en los veterinarios que los hace más vulnerables. Su contacto con las técnicas más modernas de eutanasia y el gran número de casos que tienen que atender por este motivo les hace tener una concepción de la vida y del sufrimiento distinta del resto de mortales.

En un estudio de David Bartram para colegio de veterinarios del Reino Unido se comprobó que el 75% de los suicidios dentro del gremio corresponden a autoenvenenamiento con barbitúricos y, en especial, de la ketamina. Un potente anestésico muy utilizado en la profesión.

Pero el tema de estrés no es de profesionales, su sintomatología inicia desde que son estudiantes en las universidades.

Resultado de imagen para estudiante de medicina estresado

El terapeuta e instructor clínico Mac Hafen, de la universidad de Kansas, en Estados Unidos, ha publicado desde 2006 junto a otros investigadores una serie de estudios enfocados a detectar niveles de depresión y ansiedad en los estudiantes de veterinaria.

“Los resultados muestran que existen unos niveles elevados de depresión y ansiedad entre los estudiantes de veterinaria. Otros estudios han utilizado los mismos cuestionarios para medir los niveles de depresión y ansiedad en estudiantes de medicina u otras poblaciones, por lo que es posible establecer una comparación”, comenta el profesor Hafen.

Los resultados del estudio realizado con alumnos de primero de veterinaria de la universidad de Kansas mostraron que el 32% de los estudiantes sufren síntomas de depresión y ansiedad. Para hacernos una idea de lo que esto significa, el porcentaje de la población general (en Estados Unidos) que sufre estos síntomas varía entre un 16.4% y un 21.5%. Para estudiantes universitarios en general, los niveles se sitúan entre un 14.8% y un 23.7%. Por último, para estudiantes de medicina, la tasa es de un 23%.

¿Cuál es la explicación? Los estudios presentan una serie de variables que pueden inducir niveles más altos de depresión o ansiedad, entre los que se encuentran problemas de salud, dificultad de integración o carga académica. Mac Hafen no establece comparaciones con los detonadores de estrés para médicos, pero sí hace alguna inferencia al respecto. “Mirar a las diferencias entre profesiones, género, eutanasia o múltiples especies podría ser la explicación”, dice.

En su estudio, Mac Hafen se refiere a éstas diferencias como “experiencias únicas” de los estudiantes de veterinaria, como son el hecho de tratar el tema de la eutanasia con los clientes, o la necesidad de especializarse en varias especies mientras que los médicos sólo estudian el cuerpo humano. En cuanto a género, el estudio hace referencia al hecho de que la mayoría de estudiantes de veterinaria sean mujeres. “Las mujeres tienen entre dos y tres veces más probabilidades que los hombres de ser diagnosticadas con un problema de personalidad”, dice el estudio.

El objetivo de estos estudios es establecer unos protocolos de intervención para ayudar a estudiantes que tengan algún problema durante la carrera, identificando los principales detonadores y creando unas pautas para prevenir.

Mac Hafen y sus colegas han continuado con sus investigaciones hasta la fecha para valorar posibles diferencias entre los distintos cursos. Los resultados muestran que los estudiantes de segundo y tercer año tienen los niveles más altos de ansiedad y depresión. Además de las variables ya mencionadas, posibles explicaciones son una gran carga de trabajo e incertidumbre frente al futuro. En el último y cuarto año, los niveles de estrés en veterinarios vuelven a ser similares a los del primer curso, probablemente “porque su propósito está más cerca”, dice el estudio.

Zootecnista con Maestría en administración, Docente Universitario.

4 Comments

  1. Fernado Ordaz

    25 Marzo, 2017 - 8:51 pm
    Reply

    Esto me quita las ganas de estudiar Medicina Veterinaria 🙁 Realmente es desanimador.

  2. Rafael Erasto Montes Romero

    27 Marzo, 2017 - 12:23 pm
    Reply

    Debemos estar mas comunicados entre colegas y tenernos confianza, además de estar prestos ayudarse unos a otros lo más rápido posible

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