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Todo lo que vemos en la naturaleza depende, de alguna manera, de las abejas: ellas son fundamentales para la reproducción de la mayoría de las especies vegetales y,  en consecuencia, para que los animales que se alimentan de ellas puedan crecer. El 75% de los cultivos del mundo dependen de su polinización o la de otros insectos. Dicho de otra manera: sin abejas no hay vida.

Sin embargo, su existencia está amenazada. Estos pequeños insectos están muriendo en una proporción de un 30% anual, una tasa que representa el doble de la considerada normal.

La causa de esta mortalidad acelerada tiene que ver con la contaminación, el calentamiento global, los agrotóxicos y otros factores que tienen a los humanos como principales responsables.Ahora se suma un nuevo enemigo: un fungicida cuya misión era terminar con los hongos que atacan a los almendros, pero que terminó siendo un asesino para este pequeño y valioso animal.

Existen una serie de sustancias químicas que podrían ser la causa de la elevada mortalidad de abejas observada en diversas zonas del planeta en los últimos años. Según un nuevo estudio liderado por investigadores de Estados Unidos, algunas de ellas son los fungicidas utilizados con relativa frecuencia en el tratamiento de los almendros.

Los resultados de esta investigación, publicados en el Journal of Economic Entomology, revista oficial de la Sociedad Americana de Entomología, indican que los funguicidas que contienen iprodiona (o ipodrione), utilizados por separado o en combinación con otros fungicidas comunes podrían ser la causa de una reducción significativa en la tasa de supervivencia de las abejas.

El objetivo del pesticida no es matarlas, pero lo hace, y este “efecto colateral” podría ser mucho más grave que perder algunas almendras por culpa de los hongos.

¿Qué podemos hacer para salvar a las abejas?

Para proteger a estos valiosos insectos, cada uno de nosotros debe ser consciente de los hábitos que pueden perjudicarlas. Por ejemplo, muchos pesticidas y herbicidas las dañan, y evitarlos no significa solamente no utilizarlos en tu huerta o jardín, ya que la mayor parte de ellos se utiliza a gran escala en la agricultura. Una opción es consumir productos orgánicos y locales, para ayudar a reducir el uso de agrotóxicos en el campo.

Muchas personas están tomando conciencia poco a poco del peligro que la muerte acelerada de las abejas representa, por eso están surgiendo proyectos en el mundo para ayudarlas, como el  la reforestación aérea, un método que consiste en lanzar pequeñas bombas o bolas de semillas desde aviones a zonas deforestadas para que poco a poco comiencen a recuperar la flora y puedan volver a transformarse en el ecosistema de estos insectos. Apoyarlos es también una forma de ayudar a salvar a las abejas.Lea tambien  Las abejas amenazan a la humanidad

Tomado de La Bioguia