Autor/es: Gian Carlo Marcanti, Biólogo / Micólogo – Profesor Asistente e Investigador, Universidad Nacional Experimental “Francisco de Miranda”. Venezuela

Generalidades de la necesidad alimentaria del planeta

Según la ONU (Organización de las Naciones Unidas), existen unas 7.500 millones de personas en el mundo y para la mitad del presente siglo habrá unas 10.000 millones. Para ese entonces la ganadería vacuna, principal fuente de proteína animal en el mundo occidental, se verá comprometida, pues hace uso excesivo de recursos naturales y produce grandes cantidades de gases de efecto invernadero. Lo cual podría traer como consecuencia que los habitantes de países con bajos ingresos, queden expuestos a una serie de enfermedades producto del consumo de dietas de escaso valor nutritivo.

Este aparente desenfreno del crecimiento de la población humana y los patrones de consumo de alimentos que acrecientan considerablemente la demanda de proteínas, nos obligará a buscar fuentes de proteínas que se produzcan de manera sostenible.

Insectos como alimentos

En éste contexto, la FAO (2013a), lanzó un informe en el que apuesta al consumo de insectos como una solución para disponer de una fuente de proteínas para el futuro de la humanidad.

Ciertamente, los insectos requieren menos recursos para proporcionarnos proteínas, sin embargo, probablemente pasará mucho tiempo para que entren a formar parte de nuestro menú, debido principalmente a la barrera cultural y legislativa de nuestro mundo occidental.

Ahora bien, entendiendo que la sostenibilidad de la producción de proteína depende en gran medida del tipo y cantidad de recursos requeridos para su producción, será preferible apuntar a corto plazo hacia la sostenibilidad de productos cárnicos tradicionales, como los de la industria avícola, sobre la cual no suelen pesar tabúes (FAO, 2013b) y representa la ganadería más eficiente, con respecto a las otras carnes de origen animal, al hacer un menor uso de recursos ambientales, poseer una tasa de conversión de alimento respetable y tener una tendencia de precios más económicos.

Sin embargo, la producción avícola no es totalmente eficiente debido a que la principal fuente de sus nutrientes proviene de granos como maíz y soja, los cuales requieren grandes cantidades de recursos para su producción. Incluso, de mejorarse las técnicas zoológicas para producción de carne, en términos de conversión alimenticia, siempre se generarán residuos. De hecho un gran reto será lograr usar todo el potencial nutritivo disponible de los piensos antes de eliminarlo en la naturaleza como residuo, empleando para ello otros eslabones de la cadena trófica.

Así que, para garantizar la sostenibilidad de la avicultura, será necesario encontrar alternativas más eficientes para la elaboración de sus piensos.

De hecho, la harina de soja, que es una fuente de proteína para animales de granja, requiere una gran cantidad de energía en comparación a la necesaria para la elaboración de harina de insectos (Allegretti, 2017).

El uso de insectos a gran escala como ingrediente en la composición de piensos es técnicamente viable, y en diversas partes del mundo existen empresas consolidadas que están a la vanguardia en este sentido (BioFlyTech,  DipTerra,  ProEnto,  EntoMeal,  MealFood Europe,  AgriProtein,  entre muchas más).

La FAO (2013a), en su informe “La contribución de los insectos a la seguridad alimentaria, los medios de vida y el medio ambiente”, propone la creación de instalaciones que permitan la aplicación más amplia de insectos y larvas como fuente de proteína para alimentos.

De hecho, cada día se suman instituciones y granjas entomológicas que demuestran cómo los insectos pueden constituir una parte importante de la dieta natural de muchas especies animales, ya que contienen un excelente balance y cantidad de aminoácidos (proteína), ácidos grasos (lípidos) y minerales, indispensables para el buen desarrollo de las mismas.

La sostenibilidad del uso de insectos radica en sus características ecológicas, pudiendo ocupar grandes extensiones geográficas, producto de su adaptación a diversos ambientes y condiciones climáticas, reproducirse rápidamente y poseer elevadas tasas de crecimiento y conversión de piensos, con un reducido impacto ambiental durante su ciclo de vida.

En principio parece evidente el empleo de insectos para la formulación de piensos para aves que los comen de manera natural en su dieta, pues con seguridad le deben brindar nutrientes necesarios para su desarrollo, sin embargo, tal reflexión debería primero pasar por el filtro de la observación de campo que implica un estudio a fondo de la relación ecológica insecto – ave, requerimientos nutricionales del ave, palatabilidad, digestibilidad, análisis bromatológico y económico de los insectos a ser empleados, entre otros.

Por otro lado, los insectos pueden criarse aprovechando diversos flujos de residuos, como los provenientes de alimentos en descomposición o bien desechos orgánicos, como excretas o vísceras de animales de cría. Es acá donde toma relevancia el uso de insectos que pueden practicar la necrofagia y/o coprofagia (Banks, et al. 2014) como mecanismos para su desarrollo larval, como es el caso de Hermetia illucens, pues resulta ventajoso sobre otros insectos el que puedan convertir desechos en alimentos, generar valor y cerrar bucles de nutrientes a medida que reducen la contaminación y los costos operativos.

Como contraparte, ésta ventaja general puede ser también su mayor desventaja, ya que los estigmas sociales y prohibiciones legales contra los organismos que se alimentan de desperdicios se agregan a los tabúes existentes que enfrenta el consumo de insectos per se (FAO, 2013a; Wang Y, 2017).

La mosca soldado negra es por mucho uno de los insectos relacionados con el reciclaje de materia orgánica más beneficiosos que existen. Si bien, se alimentan de materia orgánica en descomposición, lo hacen únicamente durante el estadio larval, por tanto no están asociadas con la transmisión de enfermedades.

Por otra parte, esta especie es capaz de reducir las áreas de reproducción de la mosca doméstica, haciendo que disminuya su densidad drásticamente (Hawkinson, C. 2005)

Desde 1973 (Hale, O. M. 1973), la larva de la mosca soldado negra (Hermetia illucens) ha demostrado ser un excelente candidato para ser incorporado en piensos para aves de corral (Secci, et al. En prensa) y otros animales de granja, pues además de poseer una altísima tasa de conversión a partir de desechos orgánicos (Newton, et al. 2005), altos índices de digestibilidad (Schiavone, et al. 2017) y palatabilidad aceptable (Mohammed et al, 2017), cubren gran parte de los requerimientos nutricionales de las mismas.

De manera que el empleo de la mosca soldado negra permitiría cerrar un ciclo de recursos donde los desechos avícolas se convertirían eventualmente en una potencial fuente de alimento con valiosos nutrientes para las mismas aves de corral.

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