La ubre de los mamíferos cuadrúpedos, por su ubicación ventral, esta diseñada para ofrecer al neonato un fácil acceso a la leche. En la vaca, se encuentra suspendida por fuera de la pared del abdomen posterior y es una glándula cutánea exocrina modificada, cuyo producto es la leche.

La ubre bovina esta constituida por cuatro glándulas mamarias, mejor conocidas como cuartos. Cada cuarto es una unidad funcional en sí misma que opera independientemente y drena la leche por medio de su propio canal.

Por lo general, los cuartos posteriores son ligeramente más grandes y producen, en promedio, 60% de la leche; los cuartos anteriores producen el 40% restante. Los principales componentes estructurales de la ubre son:

  • Sistema de ligamentos suspensorios
  • Sistema secretor y conductos receptáculos

1. Ligamentos suspensorios

Un grupo de ligamentos y tejido conectivo mantienen a las glándulas mamarias  prácticamente adosada a la pared abdominal. La fortaleza de los ligamentos es deseable debido a que ayudan a prevenir la formación de una ubre colgante; minimiza el riesgo de lesiones; y evitan dificultades cuando se utiliza el equipo de ordeño.

La mitades derecha e izquierda de la ubre están separadas claramente, mientras que el cuarto frontal y el trasero rara vez muestran alguna clara división externa.

Cuando se observa de lado, la parte inferior de la ubre debe estar nivelada, extenderse anteriormente y fijarse con fuerza a la pared abdominal del cuerpo.

La fijación en la parte posterior tiene que ser alta y amplia, y los cuartos individuales deben mostrar simetría. Esas características externas contribuyen a la productividad durante la vida y constituyen criterios importantes utilizados para valorar el tipo del ganado lechero en las exposiciones y para la calificación de razas.

Las ubres deben de tener un tamaño suficiente para producir grandes cantidades
de leche, pero no ser tan grandes que debiliten su fijación al cuerpo de la vaca.

En las vacas lecheras actuales, la ubre puede pesar entre 35 y 50 kg, debido a la gran cantidad de tejido secretor y de leche que se acumula entre ordeñas.

Las principales estructuras que soportan a la ubre son:

a) Ligamento suspensorio medio.
b) Ligamento suspensorio lateral.

Visión esquemática de la anatomía de la glándula mamaria

Partes de la glándula mamaria

Partes de la glándula mamaria

El ligamento suspensorio medio es un tejido elástico que fija la ubre a la pared abdominal. Cuando la vaca se observa desde atrás, un surco medial marca la posición del ligamento suspensorio medio.

La elasticidad del ligamento medio le permite actuar como un amortiguador cuando la vaca se mueve y también adaptarse a los cambios de tamaño y peso de la ubre con la producción de leche y la edad.

Los daños o debilidad del ligamento suspensorio pueden ocasionar el relajamiento o descenso de la ubre, dificultándose el ordeño y exponiendo a los pezones a lesiones.

Es efectiva la selección genética para un ligamento suspensorio fuerte para minimizar estos problemas en la progenie.

En contraste con el ligamento suspensorio medio, el ligamento suspensorio lateral es un tejido fibroso poco flexible. Alcanza los lados de la ubre desde los tendones, alrededor de los huesos púbicos, para formar una estructura de soporte.

2. Sistema secretor de leche y conductos

Como ya se mencionó, la ubre es una glándula exocrina, debido a que la leche es sintetizada en células especializadas agrupadas en alveolos, y luego excretada fuera del cuerpo por medio de un sistema de conductos que funciona de la misma forma
que los afluentes de un río.

Esquema de ubre y pezón (conductos y sistema secretor de leche).

Esquema de ubre y pezón (conductos y sistema secretor de leche).

El alvéolo es la unidad funcional de producción. Este es una esfera hueca cuya pared es una sola capa de células secretoras  de leche agrupadas. Los capilares sanguíneos y células mioepiteliales (células similares a las musculares) rodean el alvéolo, y la leche secretada se encuentra en la cavidad interna (lumen). Las funciones  del alvéolo son:

  • a) Recepción  de los nutrientes o precursores circulantes  en la sangre,
  • b) Transformación de  estos  precursores en nutrientes de la leche,
  • c) Descarga  de la leche dentro  del lumen

Tanto  los  conductos terminales como  los alvéolos son microscópicos, y se componen de una capa simple de células epiteliales. La función de las células que forman  estas estructuras es la de retirar nutrientes de la sangre,  transformarlos en leche y descargar esta última en el lumen de cada alvéolo.

La estructura de  los  túbulos  terminales y alvéolos varía con las etapas de la preñez,  la lactancia y la involución mamaria.  En la condición  de desarrollo  completo durante la lactancia de la vaca,  varios alvéolos se agrupan en lobulillos, y varios lobulillos se reunen en lóbulos, que son visibles a simple vista, siendo éste un patrón de desarrollo lóbulo alveolar.

Hay bandas de tejido conectivo  que envuelven a los lobulillos y los lóbulos.

Estructura alveolar de la glándula mamaria.

Estructura alveolar de la glándula mamaria.

Los alvéolos  se fijan en fibrillas delicadas  de tejido  conectivo  que se hacen  más evidentes bajo el microscopio conforme las células  secretoras  se pierden  durante  la lactancia avanzada.

En torno a cada alveolo hay una red capilar que suministra sangre  que  contiene nutrientes y hormonas para la síntesis de la leche, y retira  productos de desecho de las células alveolares.  De  igual forma,  hay una red de células musculares especializadas, las mioepiteliales, que son las que envuelven  a cada alvéolo. Estas se contraen en res- puesta  a la hormona oxitocina, obligando  a la leche del lumen del alvéolo a entrar a los conductos y a la cisterna  glandular  de los pezones.

La leche deja el lumen por me- dio de un tubo colector. Un lóbulo es un  grupo  de  entre  10 a 100 alvéolos que drenan por medio de un conducto en común.  Los lóbulos en sí se encuentran organiza- dos en unidades de mayor tamaño, que descargan  la leche dentro  de un  conducto colector  de  mayor tamaño que  conduce  a la cisterna  de la glándula, que descansa  directamente encima del pezón  de la glándula.

Concretando, las glándulas mamarias están compuesta de millones de alvéolos donde  se secreta la leche. Los conductos forman canales de drenaje en los que la leche se acumula  entre los ordeñas,  aún así, sólo cuando las células mioepiteliales que recubren  el alvéolo y que los pequeños conductos se contraen en respuesta a la hormona oxitocina  (reflejo de bajada de leche) es que la leche fluye dentro de los tubos galactóforos y hacia la cisterna  de la glándula.

El pezón forma una especie de ducto ensanchado  proyectado a la superficie  de cada  glándula  y por medio del cual la leche puede ser extraída de la misma.  Posee una  piel suave  que  lo recubre  y un vasto sistema de inervación e irrigación sanguínea. La punta de la teta se cierra con un anillo de músculo liso o esfínter  llamado  canal  del pezón.  En su extremo superior,  el pezón  se encuentra separado

de la cisterna de la glándula solamente por una serie de delicados pliegues de células sensitivas particularmente sensibles al daño. Estos pliegues de tejido se encuentran también en el otro  extremo  del pezón, directamente por encima  del canal del pezón (roseta de Fürstenberg).

De esta manera,  el pezón está diseñado  como una barrera para las células invasoras. La preservación de las estructuras norma- les  del  pezón   es  esencial  para  mantener los mecanismos de defensa naturales  contra  las bacterias productoras de mastitis.  Las diferencias  en la estructura del pezón,  particularmente del diámetro y del largo, se encuentran relacionados con la susceptibilidad a la infección.

La leche de cada glándula se vacía a través del pezón.  Las tetas  posteriores son casi siempre  más cortas que las delanteras. En general, las vacas con tetas  largas requieren más  tiempo  para  la ordeña que las de tetas cortas.

Las características más importantes de las tetas para el ordeño  eficiente son:

  • Tamaño moderado.
  • Ubicación  adecuada.
  • Tensión suficiente del músculo esfinteriano en torno al orificio de las tetas, para permitir el ordeño  con facilidad, evitando que la leche se derrame  entre ordeños.

Entre el 25 y 50% de las vacas tienen tetas adicionales. Pueden estar, o no, conectadas directamente al tejido mamario al interior de la ubre. Es recomendación universal  que las tetas  adicionales se eliminen  durante  la primera  etapa  de vida,  no sólo por su aspecto, sino también para eliminar vías potenciales de entrada  en las glándulas mamarias de organismos que provocan  la mastitis.




Cisterna glandular

La cisterna de los pezones se une a la glándula en la base de la ubre y en muchas  vacas hay un pliegue circular de tejido entre las dos cisternas.

En casos raros, cuando pare una vaquilla, ese pliegue puede separar  completamente las dos cisternas y no es posible retirar la leche de la glándula. Esa condición  da como resultado un cuarto no funcional, a menos que  se retire  quirúrgica mente la obstrucción.

La cisterna glandular sirve como espacio limitado  de almacenamiento para la leche con- forme  desciende  del tejido secretor.  En promedio, la cisterna glandular contiene  cerca de 0.5 litros de leche; pero su capacidad real varía considerablemente entre las vacas. Sin embargo,  el tamaño de la cisterna  glandular  no  afecta  de modo  importante  la producción de leche.

Conductos mamarios

Hay de 12 a 50 túbulos  o más que se bifurcan de la cisterna  glandular,  muchas  veces  se dividen  y, finalmente, forman un conducto en cada alvéolo. Hay dos capas de células que no secretan leche. Los conductos  grandes  sólo sirven  de almacenamiento y canal de drenaje para la leche.

Otros  componentes de la glándula:  sistema linfático

La linfa es un fluido claro que proviene  de tejidos altamente irrigados por la sangre. La linfa ayuda  a balancear el fluido circulando hacia adentro  y hacia afuera de la ubre y ayuda  prevenir  infecciones.

 Algunas veces el incremento de flujo sanguíneo  en el comienzo de la lactancia  conduce  a una acumulación  de  fluidos  en  las glándulas mamarias  hasta  que  el sistema linfático es capaz de remover este fluido adicional. Esta condición,  llamada  edema  de la ubre, es más común en novillas de primera parición y vacas más viejas con ubres pendientes.




Inervación de la ubre

Los receptores nerviosos  en la superficie de la ubre son sensibles  al contacto y a la temperatura. Durante la preparación de la ubre para el ordeño, estos receptores son estimulados y se inicia la “bajada de la leche”, reflejo que permite  su excreción.

Las hormonas y el sistema nervioso se encuentran también involucrados en la regulación del flujo sanguíneo  a la ubre. Por ejemplo, cuando una vaca se encuentra asustada o  siente  dolor  físico,  la acción  de  la adrenalina  y del sistema nervioso reduce el flujo de sangre a la ubre, lo que inhibe  el reflejo de bajada de la leche disminuyendo la producción láctea.

Desarrollo y crecimiento mamario normal

La cantidad  de células sintetizadoras de leche es un factor  importante que  determina su nivel de producción: Las estimaciones actuales de la correlación entre el rendimiento de leche y la cantidad  de células mamarias va de 0.5 a 0.85.

Desarrollo glandular en la preñez

Los alvéolos no se desarrollan en las vaquillas hasta que  se establece  la preñez;  después  de  ésta,  los alvéolos comienzan a reemplazar los tejidos grasos de la ubre.

Los índices externos  para el crecimiento mamario son rápidos durante  la preñez,  sin embargo, debido al tamaño relativamente pequeño de las glándulas en las vaquillas en el momento de la concepción,  el crecimiento de la ubre no es continuo, hasta  después  de tres  o cuatro  meses  de preñez, cuando comienzan a acumularse cantidades importantes  de secreciones  en los alvéolos, lo que acontece entre el séptimo y noveno mes de la gestación. La mayor  parte  del crecimiento visible de la ubre, que se produce  durante  el último  mes de la gestación, se debe a la acumulación de esas secreciones.

El reflejo de expulsión  de la leche,  implica  la activación de nervios en la piel de los pezones, mis- mos que son sensibles  al tacto  y a la temperatura. Los impulsos  neurales  ascienden  por  la médula espinal a los núcleos paraventriculares del hipotálamo, y luego se desplazan a la hipófisis posterior, en donde  provocan  la descarga de oxitocina al torrente sanguíneo.

La oxitocina se difunde hacia afuera de los capilares en la ubre, provocando la contracción de las células mioepiteliales que  rodean  a los alvéolos  y los conductos menores. Esta acción de compresión incrementa la presión intramamaria y hace que la leche pase por los conductos a la cisterna glandular de los pezones.

Durante la lactancia

La cantidad de células mamarias sigue aumentando durante  el comienzo de la lactancia, este desarrollo continúa probablemente hasta el punto máximo  de la lactancia. Como resultado de ello, los alveolos se agolpan a comienzos de la lactancia. Posteriormente, el índice de pérdida  de células mamarias sobrepasa al índice de división celular. El resultado es que la ubre contiene  considerablemente menos  células al final de la lactancia que al principio.

La mastitis  provoca  también la pérdida de células de las glándulas mamarias. Naturalmente, la pérdida de células secretoras  —ya sea por causas fisiológicas o patológicas— hace que se reduzca  la producción de le- che. Sin embargo,  suele ser más sencillo mantener la cantidad  de células mamarias que  su índice  de metabolismo.

El hecho  de que  una  célula mamaria se man- tenga durante  la lactancia, no indica necesariamente que puede  seguir sintetizando leche a un índice máximo  continuo.

De cualquier  forma, el mantenimiento de cantidades  máximas  de células mamarias lleva a una alta producción de leche, porque  si no hay células no se puede  sintetizar la leche.

Durante la lactancia y preñez simultáneas

Puesto que la mayoría  de las vacas se cruzan dentro de los 70 o 90 días  después  del parto,  una  parte importante de la lactancia  transcurre paralela  a la preñez.

Las etapas  iniciales de la preñez  tienen  relativamente pocos  efectos  sobre  la producción de leche o la cantidad de células mamarias, sin embargo, cuando  la preñez  avanza  más allá de los cinco meses, el rendimiento de la leche y la cantidad  de células mamarias disminuyen, en comparación con los animales lactantes que no están en etapa de preñez.




Durante el periodo seco

El ordeño  diario suele detenerse después  de que la vaca lechera ha estado  produciendo leche durante 10 a 12 meses.

Si la vaca está preñada, este periodo  sin leche (periodo seco) se inicia habitualmente unos 60 días antes de la fecha señalada  del parto.

Después  del cese del ordeño  diario, las glándulas mamarias de la vaca no preñada  se satura de leche durante  unos cuantos  días,  pero  la actividad  metabólica de las células se reduce con rapidez.  Posteriormente, hay una degeneración marcada y una pérdida de células epiteliales alveolares, aunque se pierden alvéolos, permanecen las células  mioepiteliales y el tejido conectivo.  Histológicamente, las células  grasas  y de tejido  conectivo  se hacen  más  predominantes durante  este periodo.

Después  de la involución  completa de la ubre, el sistema  de conductos no se altera. Sin embargo, este último  es más amplio  en las vacas multíparas que en las vaquillas vírgenes.

Poco antes  del parto,  disminuyen las cantidades de progesterona, lo que elimina  el bloqueo  (y aumentan los niveles de estrógenos y ACTH,  que estimulan la secreción de corticoides adrenales y la prolactina. La administración de corticoides suprarrenales o estrógenos hará que se inicie la lactancia en algunas especies, pero no en otras.

El estímulo  del  ordeño  que  envía  impulsos neurales  al hipotálamo y a la hipófisis)  iniciará  la lactancia en las vaquillas a fines de la gestación. Este ordeño  anterior  de prolactina,  ACTH y corticoides suprarrenales, hace que se inicie realmente la lactancia.

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La ubre de la vaca y la producción de leche
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