Existe una cantidad importante de elementos que modifican la producción de leche de la cabra, los cuales pueden estar interrelacionados, siendo difícil determinar la influencia individual que pueden ejercer cada uno de ellos; sin embargo, para su mejor comprensión se han dividido en dos tipos: genéticos y ambientales.

Dentro de los primeros, la raza es el principal factor que afecta la producción de leche, dentro de los segundos se consideran el clima, la alimentación, el sistema de manejo, el número de veces que se ordeñan los animales, el número de lactancia, el número de cabritos por parto, la edad, la duración de la lactancia, etc.

Existen además efectos particulares en cada unidad de producción, en éstos figuran el sistema alimentario, los cuidados sanitarios del hato, el tipo de construcciones y el manejo en general, entre otros (Palma, 1995).

La Raza de la Cabra 

La diferencia de producción expresada por cada raza está determinada en parte por el proceso  de  selección,  así  como  por  efectos  acumulados  debidos  al  azar  en  sus  frecuencias génicas (Palma, 1995).

Montaldo  et.  al.,  1981,  demostraron  que  la  raza de cabras influye  en  la  producción  láctea,  al obtener en una curva de lactación de 300 días, 665 Kg en raza Alpina y 709 Kg en raza Saanen, siendo notoria la diferencia, según el genotipo utilizado, a favor de la Saanen y en segundo término para la Alpina; esto indica que la diferencia en cada raza con respecto a la producción de leche, está determinada en el proceso de selección, aunque, seleccionar por el tamaño de la cabra sin considerar la producción, conduce a disponer de animales que resultan menos económicos debido a sus exigencias elevadas para el mantenimiento.

Asimismo, dichos autores realizaron mediciones sobre la capacidad genética de las cabras de México, indicando que el potencial para la producción de leche se mejora por medio de cruzas absorbentes de la cabra criolla  mayoritariamente  Granadina  con  distintas  razas  especializadas  (Nubia,  Toggenburg, Saanen y Alpina).

Conjuntamente, indican aumentos de producción cuando el grado de pureza es mayor en un sistema estabulado, en el cual se realizaban dos ordeñas al día y los animales eran alimentados con forraje de corte y grano, en el centro caprino de Tlahualillo, Durango.

La raza Saanen suele ser la que alcanza mayores cantidades de producción de leche; sin embargo, por su menor habilidad de pastoreo y delicadeza de ubres se presta a la estabulación total, las Alpinas y la Toggenburg por otro lado, son excelentes productoras, aunque con valores ligeramente inferiores a las Saanen, pero con mejores características para el pastoreo sobre todo de arbustivas.

La raza Nubia presenta menor producción de leche, aunque en ella, la cantidad de grasa es mayor y por ello suele ser importante para la industrialización del producto en queso, además de ser una raza pesada que beneficia al productor en la venta de carne (Galina, 1992).

Sistemas de producción caprinas.

La producción de las distintas poblaciones caprinas presenta una fuerte variación individual y siempre va ligada al sistema de producción, el cual a su vez depende del área de ubicación; es decir, en los países desarrollados, los rebaños caprinos suelen beneficiarse de procesos de selección  y el sistema de  producción  tiende a ser intensivo, lo que implica un incremento de la productividad; mientras que, en los países en vías de desarrollo, ocurre lo contrario, por lo que sus razas nativas suelen ser poco fabricantes de leche (Buxadé, 1996).

Época de partos en cabras .

En general, con un ritmo reproductivo de un parto al año, la época en que se producen los partos afecta a la producción total de leche  de cabra y a las cantidades de grasa, proteína y extracto seco;  de  forma  que  las cabras paridas  entre los  meses de enero  a marzo producen  mayor cantidad de leche que las que lo hacen en abril a junio.

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En el caso del primer grupo, este efecto posiblemente lo ocasiona el hecho de que la época del parto coincide con la estación de anestro, sucediendo lo contrario con el grupo que pare en los meses de abril a junio periodo más próximo a  la  estación  sexual,  que  provoca una  actividad  ovárica  más  temprana  repercutiendo  en  la disminución de la producción (Buxadé, 1996).

Edad al parto de la cabra.

Se ha demostrado que la producción total de leche está influenciada por la edad del animal y que de la misma forma el peso de la cabra está fuertemente relacionado con la edad.

Por ello, conforme se alcance el grado de madurez sexual en relación al peso y edad en el menor tiempo posible, las cabras tendrán más temprano su primer parto, con lo que se incrementa la posibilidad de conseguir un mayor número de lactaciones a través de su vida productiva (Gall, 1981).

Se debe considerar que a medida que avanza la edad se traduce en un envejecimiento progresivo de los tejidos, por ello se disminuye su capacidad de regeneración y ritmo metabólico con los años de ordeña.

La glándula mamaria es uno de los tejidos del organismo con mayor capacidad de biosíntesis y secreción, lo cual responde directamente a los estímulos fisiológicos. Así, la formación de nuevos alveolos funcionales en lactaciones sucesivas tiende a disminuir a partir de aquel número de parto en el cual se haya alcanzado el máximo volumen de producción (Palma, 1995).

La edad de la cabra, expresada normalmente por el número de lactación influye sobre la cantidad de leche producida.

La obtención del primer parto al año, mejor que a los dos años como se realiza en algunos casos, permite un mejor aprovechamiento del animal; no obstante, para respetar la regla del peso mínimo de 30 Kg en el primer servicio, las cabras jóvenes son cubiertas  generalmente  un  poco  más  tarde  que  las  cabras  adultas,  lo  cual  trae  como consecuencia una diferencia de alrededor de un mes en la fecha de los partos, y de hecho la lactación de la cabra joven se acorta, lo que explica en parte su menor producción (Quittet, 1986).

En contraparte, Galina, 1992 informa que cuando las hembras primalas tienen su primer parto entre los 12 y 15 meses de edad, con un peso para Alpinas lecheras de 35 a 40 Kg, su primera lactación alcanza del 50 al 60% de su potencial adulto de producción, mientras que cuando son primalas de segundo año, con un peso al parto más cercano al peso adulto (de 45 a 50 kg), pueden alcanzar hasta el 80 o 90% de su producción adulta en su primera lactancia.

mero de lactancia de la cabra.

El rendimiento máximo se obtiene, generalmente, a la tercera o cuarta lactación y disminuye gradualmente en las sucesivas lactancias, hasta el fin de la vida productiva del animal (aproximadamente ocho lactaciones), esto dependerá a su vez de la raza, de la edad al primer parto y del manejo nutricional de los animales (Quittet, 1986).

El estudio de la edad con relación a la época  de parto fue abordado por  Montaldo et. al., 1981, quienes registraron mayores producciones cuando los animales tenían de 3 a 4 años de vida; es decir, cuando presentaban su tercera o cuarta lactancia y declinaba su producción después de los 5 años, esto fue determinado en las razas Alpina, Nubia, Saanen y Toggenburg en los Estados Unidos de América y México.

Duración de la lactancia de la cabra.

De la misma forma que la producción de leche, la duración de la lactancia depende de la raza utilizada y de las condiciones ambientales provistas para los animales, de esta forma se han señalado intervalos de 200 a 300 días de duración con una o dos ordeñas al día (Gall, 1981).

En la siguiente tabla, se muestran los resultados obtenidos en el estudio de la duración de la lactación en diferentes razas caprinas, sistemas de producción y número de lactancia.

Estado de la lactancia de la cabra.

Según  Buxadé,  1996  la  producción  de leche diaria y su composición no permanecen constantes a lo largo de la lactación. La curva de lactación de la especie caprina presenta:

Una fase inicial o ascendente cuyo máximo valor se sitúa entre la octava y doceava semana postparto.

Una fase de meseta o de producción máxima de corta duración (2 o 3 semanas).

Una fase descendente progresiva y lenta (pérdidas de 5 a 7% mensual) hasta el secado.

En cuanto a las tasas butirométricas o de riqueza grasa y nitrogenadas de la leche, se comprueba que varían proporcionalmente según la cantidad de leche producida, de tal forma que en el periodo de elaboración máxima de leche, se obtienen menores rendimientos queseros, mientras que alcanzan el máximo al final de la lactación.

La lactosa es el componente de la leche de cabra más estable, pues permanece prácticamente constante en el curso de la lactancia (Quittet, 1986).

Selección de animales.

La necesidad de una mejora genética metódica de las tasas de materia nitrogenada y grasa es, por tanto, un trabajo de larga duración, al cual debe dedicarse cada productor, dejando como renovadores únicamente a los jóvenes machos y cabritas obtenidos de padres y abuelos cuya leche presentaba una riqueza, en materia grasa y en nitrógeno, superior a la media del rebaño y mejor todavía, si es posible, que los reproductores presentaran un índice favorable después de la prueba de descendencia (Quittet, 1986).

Tipo de parto de la cabra.

En cuanto a la producción de leche, Buxadé, 1996 señala que las cabras de parto múltiple alcanzan valores superiores debido a las siguientes causas:

El estímulo producido en la glándula mamaria es más intenso, por el mayor número de cabritos lactantes; es decir, a medida que se incrementan las crías, la producción de leche es mayor.

El mayor número de cabritos gestados corresponde con un aumento del volumen de la placenta,  lo  que  produce  un  incremento  del  lactógeno  placentario  (esta  hormona favorece el desarrollo del tejido glandular de la ubre durante la preñez).

El mismo autor, menciona que los porcentajes de grasa y proteína son inferiores en los animales de parto múltiple, como efecto indirecto del incremento de la cantidad de leche producida.

Peso vivo del animal y condición corporal.

Estos son dos aspectos dinámicos del animal que varían con las diferentes etapas fisiológicas  (descanso,  gestación  y  curso  de  la lactancia).  La  evolución del  peso  y  el  estado corporal a través del ciclo reproductivo y productivo dependen del sistema de alimentación y de la acumulación de reservas corporales que permiten a los animales responder en las diferentes etapas de producción (Palma, 1995).

El  peso  corporal  es  responsable  de  aproximadamente  30%  de  la  variación  de  la producción de leche, esto comparado entre razas especializadas en la producción de leche en estabulación (Gall, 1981), como en cabras criollas en pastoreo (Mellado, 1991) o en cruzas de criollas y especializadas (Montaldo, et. al., 1981).

En un trabajo realizado en México, se observó que el peso del animal antes del parto y el número de parto de la cabra  explicaron el 44% de la variación de la producción de leche (Palma, 1995). Además, cabe destacar que el tamaño corporal ha sido comúnmente utilizado como indicador de la capacidad de ingesta de los animales, fenómeno que favorece su condición nutricional (Palma, 1995).

Fotoperiodo de la cabra.

El ciclo sexual de la cabra está ligado al fotoperiodo; es decir, a la duración de la luz diurna. La cabra es un animal poliéstrico estacional con ovulación espontánea con un promedio de 20 a 21 días.

El estudio de la actividad reproductiva en las cabras permite en gran medida conocer la utilidad económica que se pueda obtener de la especie, independientemente del tipo de producción que se obtenga, sea leche, carne o ambas.

En las observaciones sobre el fotoperiodo, se ha documentado que los días largos inhiben y los cortos estimulan la actividad sexual, debido posiblemente a un ritmo endógeno de los animales sincronizado por el fotoperiodo, mecanismo regulado por la secreción de melatonina que produce estros en otoño e invierno al disminuir las horas luz y anestro durante la primavera y el verano en los días con mayor iluminación (Palma, 1995).

La curva de lactación va ligada principalmente a la alimentación y esta última está en función de las producciones vegetales de cada estación, la fecha de parto tendrá una incidencia directa sobre las posibilidades lecheras.

La necesidad de prever una duración de descanso de alrededor de dos meses, a fin de permitir la recuperación de las reservas del animal antes de la siguiente lactación, aconseja el nacimiento precoz de los cabritos, condición que favorece la duración de la lactancia (Quittet, 1986).

Condiciones de cría.

Es el conjunto de elementos que componen el medio en el que se desenvuelve el animal. En este conjunto, independientemente de la alimentación y de los aspectos sanitarios, se encuentran las condiciones de alojamiento, clima, entretenimiento, cuidados, calidad de la mano de obra, etc. Para proporcionar un rendimiento máximo, la cabra debe ser colocada en buenas condiciones; según Agraz, 1989, entre ellas se debe tomar en cuenta las siguientes:

Temperatura:  tiene un efecto marcado, puesto que produce estrés térmico y disminución de la producción de leche. La temperatura ideal en cabras tipo lechero es de 16 a 22 °C.

Precipitación  pluvial:   las  lluvias  guardan  estrecha  relación  con  la  humedad  y  la temperatura atmosférica. La intensidad, duración y frecuencia de las lluvias combinadas con otros factores, influyen sobre el organismo. Se recomienda el ambiente subhúmedo (de 600 a 800 m. m.).

Nubosidad: determina directamente la probabilidad de lluvia y el número de días con ella; disminuye los efectos de la radiación y facilita la alta producción de leche.

Nebulosidad:  abundante  en  nieblas,  disminuye los  efectos  de  la  radiación  y  produce cambios bruscos de temperatura.

Presión atmosférica: para que la influencia de la presión atmosférica determine cambios o trastornos de consideración en el organismo animal, es necesario que se presenten variaciones bruscas y amplias. En cuanto a la producción de leche, una baja excesiva de la presión atmosférica, determina una disminución de ella y un aumento en el porcentaje de grasa; reducción en el número de glóbulos grasos y mayor tamaño de éstos.

Radiación solar: está comprobada su acción sobre el metabolismo, las cabras consumen más alimento expuestos a la luz que a la sombra.

 Vientos: el aire en movimiento constituye el viento, cuyo origen obedece a desequilibrios de presión y de temperatura, producidos en la atmósfera. Indirectamente actúa sobre los animales al influir sobre su alimentación. Tiene mucha importancia en el problema de adaptación al calor o en relación separada o combinada del calor con el rendimiento.

El viento ligero y suave, favorece la salud y productividad de las cabras; en contraparte, el viento helado ocasiona graves trastornos respiratorios, baja de producción y en ocasiones puede sobrevenir la muerte.

Alimentación de la cabra.

Entre los factores ambientales que más influyen en la producción de leche, la nutrición es la más importante ya que su efecto es muy prolongado, de tal forma que si se suplementa a partir del último tercio de la gestación de la cabra, ello repercutirá en forma directa en la siguiente lactación.

Asimismo, se advierte un efecto positivo en la producción de leche, la composición y la persistencia de la misma cuando se suplementa a las cabras en el inicio y a mediados de la lactación, siendo menos marcado al final de la misma (Agraz, 1989).

La cabra tiene una tendencia marcada de reponer reservas en el periodo de secado, dichas reservas sirven para fomentar las altas necesidades en el principio de la lactancia, es entonces normal que la cabra en ésta época produzca mayor cantidad de leche que lo que corresponde al consumo de nutrientes.

Sin embargo, si la cabra no es correctamente alimentada, se observará una caída importante de la producción, y después la aparición de trastornos carenciales que comprometerán la salud del animal y de sus lactaciones futuras (Quittet, 1986).

Cuando se considera la situación de conjunto de un rebaño caprino, es necesario conocer que la insuficiencia y el desequilibrio alimentario son los principales factores limitantes de la producción.

Además, al representar la alimentación el principal factor de costos de producción (30 a 40%), conviene estudiar la mejor utilización de los recursos nutritivos de la  granja. La alimentación  ideal  es  la  que  aporta  al  mejor  precio  todos  los  elementos  necesarios  para satisfacer las necesidades del hato. Cualquier insuficiencia alimentaria en las cabras grandes productoras se traduce en una baja de lactación, aunque el animal utilice sus reservas (Quittet, 1986).

La alimentación tiene también influencia sobre la riqueza de la leche; así, la tasa nitrogenada, por ejemplo, es relativamente estable y sus variaciones parecen ser más sensibles

al nivel energético de la ración que a su composición y a su contenido en materia nitrogenada. Por el· contrario, la tasa butirométrica se muestra mucho más dependiente de la alimentación, y sus variaciones afectan no solamente a la riqueza total en materia grasa, sino también a la composición de la misma en ácidos grasos.

Su formación en el rumen depende de la cantidad y calidad de forraje consumido y su relación a otras fuentes de energía (Quittet, 1986).

El contenido en vitaminas y minerales está relacionado con su suministro en la alimentación, pero dentro de un rango muy amplio se mantienen estables y únicamente por desviaciones extremas se aprecian cambios (Agraz, 1989).

En lo que se refiere al nivel de suplementación, el uso de concentrados en sistemas lecheros con manejo intensivo ha sido revisado desde el punto de vista fisiológico, proponiendo una serie de estrategias para distribuir el concentrado durante la lactancia, en relación de la cantidad de forraje utilizado y de la etapa de la misma, dando cantidades fijas por cabra o proporcionando el concentrado según el nivel de producción (Palma, 1995).

En México, Peraza, 1987 sugirió 0.423 Kg de concentrado/Kg de leche producida en un sistema semi-intensivo en condiciones del semiárido de Querétaro, manejando niveles de suplementación  del  23% al  año.  Similares  niveles  propone  Galina,  1992  quien  propuso  una suplementación  del  30  al  35%  cuando  pastorean  esquilmos  y  de  un  10  a  15%  cuando  se alimentan en agostadero en época de lluvias.

Estado sanitario de la cabra .

El buen estado de salud, junto con la alimentación, son las dos condiciones indispensables para el pleno aprovechamiento del potencial lechero de un rebaño. Cuando aparece una enfermedad cualquiera en una cabra, su producción disminuirá inmediatamente, observándose primeramente   pérdida  del   apetito,   menor  consumo  de   alimento  y  finalmente  baja  de producción.

Independientemente de las enfermedades que se manifiestan por signos clínicos, existen también afecciones que se traducen como mastitis, parasitosis, etc. (Quittet, 1986). La leche constituye un medio de cultivo especialmente favorable para la multiplicación de los microorganismos en ella presentes, por lo que se pueden trasmitir al hombre gérmenes responsables de enfermedades contagiosas, tales como brucelosis y tuberculosis (Agraz, 1989).

Estado sanitario de la glándula mamaria de la cabra.

La primera consecuencia de la mastitis (inflamación de la glándula mamaria de la cabra por la presencia de microorganismos patógenos) es una disminución de la producción de leche, con un incremento ligero en el porcentaje de proteínas (provocado por un aumento considerable de las proteínas  solubles).

 La  leche  procedente  de  cabras  con  mastitis  es  desechada,  puesto  que provoca mala coagulación en la elaboración de queso (Buxadé, 1996). El tamaño de la ubre y la implantación de la misma, tienen una relación importante para la lactación, particularmente para las cabras en pastoreo, la raza Saanen suele tener ubres pendulosas que se lastiman produciendo mastitis a comparación con las Alpinas o Nubias (Galina, 1992).

Ordeño de la cabra.

La calidad y número diario de ordeñas influye sobre la lactación. Un buen ordeño, sea manual o mecánico, debe vaciar a fondo la mama, tanto para extraer el máximo de leche como para  obtener  la  totalidad  de  materia  grasa.

Un  ordeño  incompleto  provoca  un  precoz agotamiento o secado y favorece la aparición de mastitis. Generalmente las cabras lecheras se ordeñan 2 veces al día; es decir, en la mañana (es en este horario en el que las cabras producen mayor cantidad de leche, alrededor del 5% más que por la tarde) y en la tarde (Quittet, 1986).

Por un ordeño adicional, se estimula la actividad de la mama y, por lo tanto, existe aumento hasta en un 20% de la producción lechera; este efecto se debe a la estimulación adicional de la pituitaria para producir mayor cantidad de prolactina (Agraz, 1989). El mantenimiento de la producción de esta hormona es factor importante para la persistencia.

El manejo del ordeño debe ser de tal manera que el animal no sienta molestia, dolor, excitación o susto y, si es posible, inquietud. Todas las emociones que provocan liberación de la adrenalina disminuyen el efecto de la oxitocina y por lo tanto de la prolactina (Agraz, 1989).

La velocidad de secreción de la ubre se mide ordeñando cabras a intervalos variables. Esta información muestra que la leche secretada por hora durante el intervalo entre ordeños, es uniforme hasta que una presión relativamente alta es alcanzada.

Entonces la velocidad de secreción en las células se retarda gradualmente, y si una cabra no es ordeñada durante 24 horas o más, la presión aumenta tanto hasta impedir la secreción de la misma (Agraz, 1989).

Si el espacio que separa 2 ordeños es uniforme, la producción láctea es mayor que si es irregular. Las mayores diferencias se aprecian en las ordeñas a intervalos desiguales; a mayor intervalo es mayor la cantidad de leche que se obtiene, pero más pobre en grasa y sustancia seca magra. Por ello, el ordeño debe realizarse a intervalos iguales para obtener una leche uniforme no solo desde el punto de vista cuantitativo, sino también cualitativo (Agraz, 1989).

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Intervalo entre partos de la cabra.

Es el parámetro que indica la eficiencia reproductiva de las hembras para resultar gestantes nuevamente después de un parto, considera el tiempo transcurrido entre dos partos consecutivos y se compone de los días abiertos más el periodo de gestación.

Se ha discutido que la duración de los días abiertos ha sido un periodo constante, aproximado a 146 días, siendo este parámetro el factor determinante en la duración del intervalo entre partos, por su asociación con el reinicio de la actividad reproductiva postparto (Palma, 1995).

Un intervalo largo entre dos partos, aumenta la producción total de un animal en un periodo  de  lactancia,  pero  disminuye  la  producción  promedio  anual.  Se  debe  preferir  una solución intermedia, buscando solo que el animal cuente con el tiempo suficiente para reponer la energía gastada en la lactación procedente (Agraz, 1989).

Periodo seco de la cabra.

Las cabras cuyo potencial genético les permite ser productoras persistentes se benefician al alargar el periodo seco, en cambio las cabras que no tienen ese potencial no reaccionan favorablemente, pues ya de por sí sus periodos secos son prolongados (Agraz, 1989).