Ganadería

Lecheria especializada en Colombia

Lechería especializada en Colombia

La producción de leche a cargo de razas especiali­zadas, esto es, correspondientes a la especie Bos taurus, como Holstein, Jersey, Pardo suizo, Ayrshire, Normando, entre otras, tiene lugar en Colombia es­pecialmente en los altiplanos de Cundinamarca, Bo­yacá, Antioquia y Nariño.

La Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán, precisa que en 2010 la producción de leche estaba alrededor de los 6.500 millones de litros compartida entre el doble propósito y la lechería especializada.

Esta última, cuenta con una población bovina de 1 millón 225 mil 742 animales, equivalentes a 5,5% del inventario colombiano y responde por aproximada­mente el 45% de la producción total nacional.

Nutrición

El objetivo central de todo programa de nutrición es buscar la mayor conversión en carne o leche del alimento suministrado.

Un concepto fundamental es que por sí sola la genética de los animales no garantiza buenos resultados en lo productivo. Por más alta, fina o selecta que sea, si no recibe la alimentación y la nutrición adecuadas, el potencial del animal no tendrá posibilidad de expresarse. No en vano se dice que el individuo es lo que come.

Los forrajes proveen más de 90% de la energía que consumen los bovinos.

Los pastos, que aparecieron hace más de 70 millo­nes de años, son la principal y menos costosa fuente de nutrición de los bovinos.

Planta forrajera es toda aquella que puede cultivar­se para que sea consumida por los animales, para lo que debe tener característica como ser palatable, nutritiva, de fácil propagación y que pueda produ­cirse en forma económica con relación al producto, carne o leche.

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Alimentación de los bovinos

En general, el sistema predominante de alimentación de los bovinos es el pastoreo aprovechando las condiciones de ubicación geográfica tropical.

En cuanto al balance de nitrógeno en pasturas de clima frío en Colombia, una pradera de kikuyo re­quiere, como cantidad mínima, 100 kilos de urea por hectárea pospastoreo para mantener una mediana producción y calidad de forraje.

Sin embargo, este elemento nutritivo para los forrajes se puede fijar atmosféricamente por medio de leguminosas como tréboles, alfalfa y lotus, que en nuestro medio fijan hasta 180, 250 y 300 kilos de nitrógeno por hectárea y por año, lo que quiere decir que al incor­porarlas en pasturas de kikuyo ellas no necesitarán de fertilización nitro­genada, debido a que el nitrógeno contenido en las heces, adicionado al de la orina y al fijado, llenan los re­querimientos de nitrógeno de dicha pastura.

Un dato que vale la pena conocer de que una vaca lechera devuelve al suelo, por medio de la orina y las heces, entre 73 y 81% del nitrógeno consumido, independiente de la raza y el tamaño, comparada con anima­les especializados en producir carne, que devuelven cerca de 90%, aunque generalmente son altos emisores de nitrógeno al ambiente.

Sin embargo, conviene recordar que todos los pastos de corte son exigen­tes en fertilización, alta en potasio, ni­trógeno y fósforo, cuyos costos son al­tos, que sumados al acarreo del forraje los dejan fuera del alcance de muchos ganaderos.

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Es por ello que la calidad de la leche depende, fundamental­mente, del suministro de forrajes y de la dieta, aunque hay cierta ambi­güedad pues con forrajes de buena calidad se consigue mayor producción de leche, pero una elevada produc­ción de grasa se obtiene con forrajes fibrosos, lo que reduce la calidad del alimento.

Conservación de forrajes

La condición de país tropical determina que Colom­bia produzca excedentes de biomasa; sin embar­go, una porción importante se desperdicia por falta de conocimiento de los ganaderos, por condicio­nes ambientales desfavorables o por carencia de infraestructura adecuada. Se podrían aprovechar mediante el uso de sistemas como henificación o ensilaje.

En general, pastos como elefante, imperial, kingrás, lo mismo que maíz, remolacha y avena, entre otros fo­rrajes, son potencialmente utilizables como ensilaje.

Se recomienda practicar con alguna frecuencia aná­lisis bromatológicos a los pastos, para identificar ca­rencias nutricionales y poder aplicar los correctivos que garanticen que los forrajes puedan aportar, de nuevo, todos los nutrientes que requieren los ani­males para poder expresar plenamente su potencial productivo o reproductivo.

Potreros

Así como la eficiencia de los animales está indisolu­blemente ligada a la calidad del alimento que recibe, la de las pasturas y las demás fuentes de él está aso­ciada con la nutrición que se suministre y el manejo que se les dé.

Decisiones acerca de prácticas culturales como ferti­lización, control de malezas, rotación, incluso la es­cogencia de las pasturas más indicadas sólo pueden tomarse a partir de análisis de suelos, fundamental porque permite identificar desórdenes de los conte­nidos nutricionales de los forrajes, derivados de los desbalances en los nutrientes del suelo.

La información que él suministra per­mite definir las estrategias que eviten incurrir en errores, costosos en térmi­nos de tiempo y dinero.

Es posible reducir costos de prácticas como la fertilización al utilizar materia­les orgánicos producidos en la activi­dad, como el estiércol, que adicional­mente contribuye a reducir el riesgo de contaminación de los suelos.

La com­binación de especies gramíneas con leguminosas en las praderas, además de contribuir a reducir costos por su aporte de nitrógeno a los suelos, mejo­ra los valores nutricionales de las dietas.

La renovación de praderas, la rotación de potreros y el manejo de ellos me­diante la cerca eléctrica, racionaliza la ad­ministración de los recursos forrajeros.

El control de arvenses puede practi­carse con químicos o mecánicamen­te; este último depende un poco de la disponibilidad y costo de la mano de obra. No se recomienda el uso de productos químicos si en las praderas están juntas las gramíneas y las legu­minosas porque estas pueden termi­nar afectadas 

El siguiente cuadro resume los princi­pales indicadores productivos y repro­ductivos de la región. Severamente

Agua

El agua de bebida, qué duda cabe, es un insumo tan importante como los forrajes, los concentrados y cualquier otro recurso alimenticio.

Por ese papel, requiere un tratamien­to tal que se preserve su calidad. Se recomienda estar atentos para evitar su contaminación por distintos agen­tes que terminan afectando la salud del ganado.

En las altiplanicies, es habitual que en las épocas del año cuando ocurren heladas, el agua llegue a congelarse; hay que estar pendientes para tomar las previsiones necesarias para evitar­lo; incluso cuando les parece exage­radamente fría, los animales prefie­ren padecer sed antes que beberla.

También es deseable instalar el ma­yor número posible de bebederos para evitar que los animales tengan que recorrer largas distancias para encontrar el agua. No sólo pueden perder energía sino que someten a los potreros a un pisoteo perjudicial.

Manejo del ganado

En este componente importante de cualquier pro­yecto ganadero encontramos una variedad muy am­plia de modelos aplicables.

En 4.8 hectáreas de Las Tamayo se tienen 27 vacas adultas, cinco novillas y seis terneras de levante de la raza Holstein. El promedio de producción diaria de leche es de 19 litros.

Luz Mary Tamayo explica cómo se manejan: “si na­cen machos, se venden de inmediato; si son hem­bras se dejan para remplazo. Las crías se dejan con la madre los dos primeros días de vida para que ma­men el calostro; desde el tercero empieza a dársele leche durante dos meses, a razón de dos litros en la mañana y dos en la tarde.

Se les cura el ombligo el día del nacimiento y desde los ocho días empeza­mos a suministrarles concentrado, hasta que consu­man dos kilos al día. A los dos meses los destetamos y siguen comiendo solamente concentrado y forra­je, en potrero. El remplazo y el levante se cumplen ahí mismo”.

Cuando cumplen 16 meses y alcanzan 75% del peso adulto, aproximadamente 485 kilos, empieza a tenér­seles en cuenta para servirlas. “Estas novillas las servi­mos con Jersey; no nos arriesgamos a ponerles toro de razas grandes para que no se nos vayan a dañar en el parto.

Llevar al parto a una novilla nos vale entre tres y medio y cuatro millones de pesos”. Cuando entran en producción se les empieza a analizar para ver si se le dejan crías de reemplazo o no.

El porcentaje de natalidad es de 90%, que se logra, “primero, con el buen manejo de la vaca, que tenga una buena alimentación, que esté bien suplementa­da en su parte energética, y preñarla a tiempo; por lo general, con menos de 100 días abiertos. Toda vaca tiene su excepción; por ejemplo, una que está dando más de 30 litros de leche, uno puede dejar que tengan más días abiertos sin llegar a extremos; máximo 120 días”.

La tasa de remplazo es mínima porque la finca es muy pequeña. Acá lo que hacemos es levantar esas terneras; desde pequeñas se les da concentrado, de­pendiendo de la edad y leche durante dos meses -4 litros al día- se pesan frecuentemente, se desparasi­tan cada dos meses y se evalúa su condición corpo­ral para que no pierdan peso.

Salud animal

Se debe ser riguroso en cumplir un estricto programa de vacuna­ciones, desparasitaciones (ver­mifugaciones) y baños contra parási­tos internos y externos.

El bienestar animal va más allá de que al ganado se le suministre la alimen­tación adecuada, de que se prevenga la ocurrencia de enfermedades o que se apliquen los tratamientos indica­dos si estas se presentan.

Garantizarles las mejores condiciones hace parte de lo que hoy se conoce como buenas prácticas ganaderas, cuya cabal aplicación permite mejo­rar la producción por aumento de las ganancias y disminución de los ries­gos de la salud pública de los consu­midores.

Una de ellas es que en fincas de la llamada tierra caliente cuenten con áreas boscosas donde los animales puedan recogerse en las horas de calor más severo.

Está documentado que la temperatura ambiente es de­terminante en el desempeño produc­tivo y reproductivo del ganado. Es de tal magnitud que se ha constatado estadísticamente que en las tierras donde la temperatura puede llegar a 40ºC el consumo de alimento y la libido de los ganados son superiores en la noche.

Entre muchas otras, podemos hacer mención de estas: las instalaciones deben permitir a los operarios reali­zar con comodidad y seguridad los procedimientos de manejo y contar con áreas que brinden bienestar a los animales, tales como bretes, mangas, embarcaderos y corrales.

Para ganado de leche

Para las explotaciones lecheras con sala de orde­ño, sus pisos, paredes y techos deben estar en un estado tal que permitan su fácil lavado. A ellas no pueden tener acceso animales ajenos al ordeño y de otras especies. De ser necesario deberán contar con adecuada ventilación e iluminación.

En fincas donde se ordeñe en el potrero con equi­pos portátiles, estos deben garantizar que su diseño, ubicación, limpieza, desinfección y mantenimiento minimizan el riesgo de contaminación de la leche.

Es también importante asegurar la higiene desde el sitio de ordeño hasta el de almacenamiento y refri­geración de la leche, obviamente también en el caso de ordeño manual, que debe hacerse bajo techo y en las mejores condiciones posibles de higiene.

Precauciones

  • No se debe emplear alimentos ni suplementos que contengan harinas de carne, sangre y hueso o despojos de mamíferos.
  • Todos los alimentos y sales mineralizadas empleados deben contar con registro ICA.
  • Esta norma también se aplica a plaguicidas, ferti­lizantes y demás |qqinsumos agrícolas usados en la producción de forrajes y a cultivos destinados a la alimentación de los animales.

Está prohibido suplementar con subproductos de cosechas que puedan estar contaminados con plaguicidas, con subproductos florales y de cultivos ornamentales.

  • Cuando se empleen en la dieta, productos y subpro­ductos de cosechas y de la industria de alimentos, se debe conocer y registrar su origen y uso.
  • Las fincas deben contar con áreas cerradas don­de los alimentos y los medicamentos estén físicamente separados, lo mismo que de las destinadas al almacenamiento de fertilizantes y plaguicidas.

Créditos a: Federación Colombiana de Ganaderos FEDEGÁN – FNG y Servicio Nacional de Aprendizaje SENA

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