Sistemas de cruzamiento para la producción de ganado tropical

Entre los millones de habitantes  que con placer degustamos una sabrosa arepa rellena con pollo, con pernil o con unos huevos revueltos, posiblemente seamos pocos los que caemos en cuenta que esa satisfacción se la debemos, en parte, al vigor híbrido obtenido mediante el cruzamiento de las especies involucradas en el proceso, bien sea maíz, aves o cerdos.

El valor culinario del vigor de los híbridos provenientes del cruzamiento entre individuos de distintas especies, razas o linajes, vegetales o animales, no podría estar mejor ilustrado que mediante ese apetitoso ejemplo. Literalmente hablando, no existen hoy día variedades comerciales de maíz o líneas de pollos o de cerdos que no provengan de algún sistema de cruzamiento.

Por definición, el cruzamiento, también denominado exocría o exogamia es, en términos técnicos, una estrategia de apareamiento entre individuos no emparentados y cuyo vínculo genético es mucho más distante que el promedio de la población de la cual ellos provienen; es decir, lo opuesto a la consanguinidad, endocría o endogamia.

En general, el término cruzamiento es empleado para hacer referencia específica al apareamiento entre individuos de diferentes especies o razas y así poder distinguirlo del simple apareamiento entre individuos no emparentados, aún siendo de la misma raza, el cual se conoce como apareamiento abierto. No obstante, en ambos casos, los efectos genéticos son similares.

Ahora bien, cuando analizamos las posibilidades que existen entre la estrategia de aparear individuos con vínculos familiares o consanguíneos (cuál es el caso del apareamiento entre hermanos o de un padre con su hija, por mencionar algunos) y la estrategia de efectuar cruzamientos entre individuos no emparentados o de distintas razas o de diferentes especies, podemos caer en cuenta del abanico de infinitas posibilidades a las que podemos recurrir para aparear nuestros animales domésticos.

Ahora bien, como es lógico pensar, no existe un sistema de cruzamiento ideal que tenga la virtud de adaptarse a todos los tipos de rebaños y situaciones, motivo por lo cual es muy importante tomar en consideración que hay varias opciones a las cuales podemos recurrir, las cuales podemos agrupar en tres grandes bloques. Veamos:

Sistemas de cruzamiento en bovinos.

Sistema de cruzamiento rotacional.

Son sistemas clásicos en los cuales cada generación de hembras es “rotada” para aparearse con toros puros de razas diferentes. Así tenemos que, por ejemplo, en un sistema de cruzamiento rotacional alterno con participación de dos razas diferentes, las hembras hijas de un semental de raza A son siempre apareadas con toros de la raza B y las hijas de un semental de raza B son siempre apareadas con toros de la raza A (Figura 1).

Mediante esta rotación espacial, las dos razas distintas de toros se usan de manera simultánea, aunque separadas espacialmente, pues hay dos áreas o potreros de entore. El sistema produce sus hembras de reemplazo, las cuales abandonan su lugar de nacimiento para ser servidas en otra área distinta con toros de la otra raza. Así, las madres nunca estarán en la misma área o potrero con sus hijas durante el entore.

En un sistema de cruzamiento rotacional con tres o cuatro razas, simplemente se añade una tercera o cuarta raza a la secuencia descrita (Figura 2).

Es obvio que a medida que aumenta el número de razas en el sistema se incrementan las necesidades de potreros, cercas eléctricas, mano de obra, así como los costos operativos. Este mismo esquema puede ser empleado, pero en lugar de usar toros puros se usan toros cruzados en forma rotacional; por ejemplo: Angus x Cebú; Simmental x Cebú (en ganado de carne) o Holstein x Cebú; Carora x Cebú (en ganado lechero), en cuyo caso la heterocigosis y la utilización de la heterosis serán intermedias en comparación con el sistema de cruzamiento rotacional con toros puros, asumiendo que son las mismas razas las que participan en el cruzamiento.

Sistemas de cruzamiento terminal 

Sistema de cruzamiento terminal estático. En el sistema de cruzamiento terminal estático, vacas puras de raza A se aparean con toros de raza A con el objeto de producir hembras puras de reemplazo y luego con toros de raza B para producir hembras cruzadas F_ (BA). Todas las hembras cruzadas BA se aparean con toros de raza C, en forma de cruzamiento terminal.

Las razas A y B deberían ser seleccionadas tomando en consideración que tanto el tamaño de las vacas como la habilidad materna se adapten a las condiciones climáticas y a los recursos alimenticios disponibles. La raza de toros a ser utilizada en forma terminal debería ser escogida en base a la tasa y eficiencia de ganancia de peso y calidad de la canal.

Toda la descendencia (machos y hembras) producida en este cruzamiento terminal podría ser enviada a matadero, si los esquemas de mercado lo permiten (Figura 3). La progenie masculina de las razas maternas A y B puede enviarse a matadero, en tanto que la casi totalidad de la progenie femenina puede conservarse como hembras de reemplazo.

El sistema de cruzamiento terminal estático aprovecha al máximo el uso de los efectos raciales de naturaleza genética aditiva así como la complementariedad entre razas diferentes. Sin embargo, sacrifica algo la heterosis producida en el rebaño debido al alto porcentaje de vacas y novillas puras, que exige el sistema para producir las hembras de reemplazo.

Poblaciones compuestas.

Una alternativa más sencilla en contraposición a los complejos sistemas de cruzamiento rotacionales antes descritos es el desarrollo de una población compuesta, que puede basarse en el apareamiento inter se de los animales provenientes de un cruzamiento de dos o más razas (Figura 4).

La ventaja primaria de utilizar una población compuesta estriba en que, luego de la etapa formativa en la cual se realizan los cruzamientos iníciales, los requerimientos de manejo son similares a los de una raza pura, como se verá más adelante.

Hoy día recurrimos a la utilización de las poblaciones compuestas para obtener muchos de los beneficios del cruzamiento, sin hacer nuevos cruzamientos, ya que una vez desarrollada éstas, su cría y manejo es semejante al de un rebaño puro. Veamos. Un animal compuesto es un híbrido formado mediante el cruzamiento de, al menos, dos razas diferentes y a menudo de más de dos razas. Ejemplos clásicos de poblaciones compuestas son las razas Santa Gertrudis, Brangus, Charbray, Braford, Senepol, Girolando, etc., las cuales, a medida que se hacen consanguíneas se tornan en puras. Lo que distingue a una población de animales compuestos no es su idéntica composición genética per se, si no, más bien, la forma en que ellos son apareados.

Los animales compuestos se aparean entre sí, con los de su propia clase, reteniendo por lo tanto un determinado nivel de heterosis. Es por esta razón que lo asociamos con el cruzamiento tradicional; sin embargo, una vez concluida la etapa formativa de la población compuesta y se recurre al apareamiento inter se para generar nuevos individuos no estamos haciendo nuevos cruzamientos con otras razas.

De allí en adelante se maneja, de manera general, similar a un rebaño puro, siendo su principal objetivo mejorar el valor de cría mediante selección en el rebaño formado, sin perder heterosis, por lo cual debe evitarse la consanguinidad.

Buena parte de estas experiencias provienen de los resultados obtenidos con la producción de vegetales híbridos desarrollados como poblaciones de plantas compuestas, también llamadas variedades sintéticas, que si bien no lograban alcanzar los máximos niveles de heterosis obtenibles en los híbridos F_, podían obtener mayores producciones que las variedades puras y, además, sus semillas podían emplearse para producir las próximas cosechas.

El mismo principio fue aplicado años después en la industria avícola y luego en la industria porcina, generando los altos niveles de productividad y eficiencia que conocemos actualmente.

Ahora bien, si esos sistemas de producción de híbridos cambiaron por completo la faz de esas industrias productoras de alimentos, ¿por qué habría de ser distinto con el ganado bovino? Numerosas experiencias en el ámbito mundial demuestran fehacientemente las bondades de los animales compuestos, especialmente en lo que a la zona tropical se refiere, en donde, a fin de cuentas, se ubica el 70% del billón de cabezas de ganado del planeta.

Las poblaciones compuestas representan una alternativa para compensar, gracias a la heterosis y a la complementariedad, las limitaciones que evidencian tanto los bovinos europeos como los índicos.

Bien se sabe que los primeros por su escasa adaptación no prosperan en ambientes cálidos y húmedos, son ineficientes en transformar forrajes toscos de baja calidad y acusan muy poca resistencia a ecto y endo parásitos. Por su parte, los índicos son de maduración sexual tardía; esa escasa precocidad hace que su edad de beneficio sea elevada y sus carnes no sean de la mayor terneza.

La pregunta fundamental a ser respondida desde el punto de vista genético en las poblaciones compuestas es ¿hasta qué punto la retención de heterosis en generaciones avanzadas es linealmente proporcional a la heterocigosis retenida? Si la heterosis es retenida en proporción directa a la heterocigosis, es lógico pensar que mediante el uso de nuevas razas compuestas se podría competir con los sistemas tradicionales de cruzamientos rotacionales continuos antes descritos.

Si dos razas contribuyen de igual forma en el individuo compuesto (1/2 A, 1/2 B), el 50% de la heterocigosis inicial de la F_ se mantiene, siempre y cuando se evite la consanguinidad. La heterocigosis incrementa en la medida en que el número de razas participantes aumenta en el individuo compuesto.

Si cada raza tiene la misma contribución en el compuesto, la heterocigosis en la F_ y en las subsiguientes generaciones es directamente proporcional al número de las razas participantes. Tal es el caso del esquema con participación de cuatro razas ilustrado en la Figura 4, en la que cada una de las razas participantes contribuye con un 25%.

La forma más sencilla de utilizar animales compuestos para la cría comercial es mediante lo que se denomina población compuesta “pura” (en el sentido de emplear una sola “raza” compuesta), en la cual los apareamientos son intra raciales; es decir, entre individuos de la misma población, sin recurrir al cruzamiento con animales de otra raza.

Ello puede producir niveles importantes de heterosis. Recordemos que el apareamiento inter se entre individuos F_ de dos razas diferentes producen una F􀀀en la cual el 50% de la heterosis obtenida en la F_ se pierde; sin embargo, si se evita la consanguinidad, la otra mitad es retenida, pasando a formar así un compuesto de dos razas. De esa manera, la cantidad de heterosis retenida va a depender del número de razas que integran el animal compuesto y de la proporción de las mismas.

Debe tenerse siempre presente que la mayor virtud de cualquier programa dirigido a formar una población compuesta es su sencillez. Un buen ejemplo de ello sería el caso de aparear una población de hembras F1 ya existente con toros F1 de distinta composición genética comprados a terceros. De esta forma se puede generar una población compuesta de tres o cuatro razas en, literalmente, una sola generación. A los fines prácticos ganaderos, ilustremos este caso con varios esquemas de aplicación útil en nuestro país:

En condiciones tropicales, la producción de individuos 1/2 Bos indicus x 1/2 Bos taurus parece indicar el nivel óptimo para maximizar la ventaja de la heterosis adicional que se logra en comparación a la menor heterosis encontrada en los cruzamientos Bos indicus x Bos indicus o Bos taurus x Bos taurus.

Como quiera que sea, hay situaciones en que los niveles más altos de herencia Bos indicus son favorecidos, cual es el caso de condiciones tropicales muy inhóspitas, aun cuando los efectos de la heterosis disminuyan. Si por el contrario, las condiciones del ecosistema son más favorables, se justificarían niveles más altos de herencia Bos taurus.

La abundante disponibilidad de regiones de clima tropical, con altas temperaturas, alta humedad relativa y abundantes precipitaciones, ha determinado un sistema de producción con el doble propósito de producir leche y carne, ampliamente distribuido en todo el ámbito nacional.

Tiene un mayor desarrollo en las regiones andina, zuliana y centroccidental, donde produce más del 80% de la leche y 50% de la carne que se consume en el país, en el cual se encuentra casi la mitad del rebaño nacional y ocupa más del 60% de la superficie de pastos cultivados. Posee un insuficiente nivel tecnológico y bajos índices de producción generados por un rebaño que es un “mosaico” genético indefinido pero con un elevado potencial para su mejoramiento, lo cual justifica plenamente programas de cruzamiento organizados para mejorar su rentabilidad.

Un reto atractivo sería la formación de una población compuesta 50% Bos taurus x 50% Bos indicus, con participación de tres razas, en la cual una población de hembras F_ ya existente (Holstein x Cebú o Pardo Suizo x Cebú o Carora x Cebú) fuese la línea materna y se apareara con una línea paterna conformada por toros F_ de distinta composición genética (Braunvieh x Cebú o Simmental x Cebú o Senepol x Cebú) producidos por terceros, por mencionar algunas razas, como ilustra la figura 4, con el fin de generar opciones para formar una población compuesta de idéntica composición genética conocida, con un nivel genético óptimo, estable, con cero variación intergeneracional y adaptada a un ecosistema específico, todo ello seguido de un adecuado programa de selección.

 Esquemas de esta naturaleza permitirían la formación de una población compuesta o raza de doble propósito tropical, perfectamente adaptable a los distintos recursos que tiene el país y, además, concuerda con la información parcial que existe en relación a la habilidad combinatoria de las razas involucradas en el cruzamiento. En el caso que el proyecto para la formación de la misma se iniciara desde cero, el apareamiento de los sementales europeos con las hembras cebú se debería realizar empleando programas estratégicos de inseminación artificial, dándole el mejor uso posible al semen disponible en el mercado.

El resto de los apareamientos podría efectuarse mediante monta natural. Asumiendo indicadores aceptables de natalidad, mortalidad y descarte hasta el primer apareamiento con novillas de dos años de edad, mediante la implementación de adecuados programas de manejo, en un período cercano a los diez años se podría obtener un número importante de varios miles de individuos de la misma raza compuesta con idéntica composición genética conocida y estable, que conformarían un pié de cría de extraordinario valor genético, capaz de potenciar la productividad del rebaño nacional.

En aquellos casos en los que las condiciones del ecosistema son más favorables y el nivel genético óptimo Bos taurus fuese 75%, éste puede ser establecido y mantenido de manera relativamente fácil, siguiendo el esquema propuesto. Lo mismo puede decirse para aquellos casos, en los que por el contrario, lo inhóspito del ambiente, exigiese un nivel genético Bos indicus de 75% y 25% Bos taurus. Simplemente las hembras F_ se retrocruzarían, incluso por monta natural, con toros Cebú, o las hembras Cebú se podrían aparear con toros F_.

En los rebaños de ganado de carne aplican, básicamente, los mismos principios. Es obvio, que el componente Bos taurus debiera estar representado por razas de ganado de carne que mejor pudieran adaptarse a nuestro medio.

De igual manera es necesario destacar que a medida que aumenta el número de razas (2, 3, 4, etc.) se mantiene mayor heterocigosis mediante un sistema de cruzamiento rotacional que mediante una población compuesta. Por ejemplo, con la utilización de dos razas, un sistema rotacional mantiene 66,7% del máximo de heterocigosis en comparación al 50% de una población compuesta de dos razas. Un sistema de cruzamiento rotacional con cuatro razas podría mantener 93,3% de la máxima heterocigosis en comparación con 75% de una población compuesta.

Es importante destacar que los niveles máximos o mínimos de rendimiento no constituyen lo óptimo para muchas características que afectan la eficiencia en la producción de carne y leche tales como peso al nacer, peso al destete, tamaño a edad madura, edad a la pubertad y producción de leche. El clima, el manejo, los recursos alimenticios y las exigencias del mercado juegan un papel primordial en la determinación de los niveles óptimos de rendimiento. La escogencia de las razas debe tomar en consideración los aspectos citados.

Las poblaciones compuestas pueden ser diseñadas para adaptarse a ecosistemas específicos lo cual exige una selección meticulosa tanto de las razas participantes como de los individuos dentro de éstas, con una base genética lo más amplia posible en los rebaños de fundación y empleando el mayor número de sementales, aun cuando disminuya el número de progenie por toro.

Todo ello justifica plenamente la formación y uso de las poblaciones compuestas, pues representan una alternativa válida ante los sistemas de cruzamiento rotacionales descritos anteriormente, con la particularidad que los requerimientos con relación a número de potreros son iguales a los de cría de ganado puro.

Como se ha mencionado, los resultados son indicativos que la heterosis puede mantenerse a niveles sustanciales; existe una oportunidad mucho mayor de explotar la vasta variación genética que hay entre las diversas razas; además, las posibilidades de adaptar el potencial genético en términos de tamaño, producción láctea, fertilidad y otras características importantes con las condiciones climáticas, requerimientos y recursos alimenticios, son mucho más grandes para las poblaciones compuestas que para los otros sistemas de cruzamientos estudiados.

Por ejemplo, si el nivel genético óptimo Bos taurus es 25% para un ambiente específico, la contribución genética del Bos taurus puede ser establecida y mantenida a ese nivel en forma relativamente fácil en una población compuesta. Tal contribución no puede ser establecida y mantenida a ese nivel en un sistema de cruzamiento rotacional convencional debido a las fluctuaciones en composición de una generación a la siguiente.

Por ejemplo, en un sistema de cruzamiento rotacional con tres razas, la contribución de una raza específica será en promedio 14, 29 ó 57% y solamente una tercera parte del rebaño alcanzaría en un momento dado la contribución óptima de 25% del Bos taurus. En cambio, en el proceso de formación de una población compuesta, como hemos visto, la contribución genética de una raza específica puede ser fijada en 1/2 en una generación, en 1/4 en dos generaciones y en 1/8 en tres generaciones.

Una vez formada, la variación inter generacional es cero. Sin embargo, es necesario señalar que desde el punto de vista práctico este equilibrio ideal no se observa en toda la descendencia obtenida mediante cruzamiento, por lo cual la selección de los animales más adaptados a las condiciones ambientales juega un papel muy importante. Inevitablemente, los sistemas de cruzamiento son un ensayo de acierto y error pero es de esa manera que han surgido todas las razas que pueblan el planeta, tanto en el reino animal como en el vegetal.

Planifique los cruzamientos

 El logro del éxito en cualquier actividad ganadera depende de un requerimiento esencial constituido por la planificación que hagamos de la misma, eso es, la proyección estratégica del uso de los recursos. Las herramientas con que se cuenta para la planificación del mejoramiento genético quedan limitadas a sólo dos opciones: selección y cruzamientos. La elección de una de ellas depende de la característica a mejorar y específicamente del valor de su índice de herencia (h2). Ante una característica con un h2 medio a alto, eso es igual o mayor al 25%, se elegirá la selección para su mejora, mientras que, si el h2 es bajo, menor al 25%, la vía para mejorar es el cruzamiento.

En el mejoramiento genético la variación de la población animal es el recurso fundamental para la elaboración de la planificación. En producción animal se trabaja con poblaciones de efectivos variables, tales como razas, rebaños o líneas familiares. Debido a dicha variación, dentro de la especie bovina se pueden distinguir razas. Las razas se definen desde el punto de vista biológico como un conjunto de animales que difieren de otras poblaciones de la misma especie en determinadas características definidas genéticamente. Cabe destacar sin embargo, que el concepto raza es por lo tanto más convencional que biológico, ya que la justificación utilizada para tal definición viene dada porque se han especializado para fines diferentes y para distintas condiciones locales.

Clasificación biológica de las razas.

Una raza, puede ser dividida en estirpes, debido a que fueron seleccionadas respecto a un objetivo distinto y se les ha mantenido aislada reproductivamente; un ejemplo es la estirpe del Holstein de Nueva Zelanda que es más tolerante al clima tropical que alguna otra de origen canadiense o español.

Una línea consta de un grupo de animales que, como consecuencia de la consanguinidad, se encuentran más íntimamente emparentados entre sí que los restantes individuos de la estirpe o raza, mientras que el término familia servirá para designar al conjunto de hermanos carnales o medios hermanos, siendo idéntico el parentesco entre los miembros de la misma familia.

Esta división dentro del reino animal viene dada principalmente por los caracteres morfológicos y fisiológicos; sin embargo, el criterio fundamental dentro del cruzamiento es la discontinuidad o no de índole reproductiva, es decir, que la descendencia se reproduzca o no. Así, del cruce entre especies se originan descendientes híbridos, que por lo general son viables pero estériles, como por ejemplo el cruce entre burro y yegua, o entre el Yak tibetano y el bovino.

La ausencia de esa discontinuidad reproductiva entre ganado Cebú (Bos indicus: Brahman, Gyr, Nelore, Guzerat, por mencionar algunas) y europeo (Bos taurus: Holstein, Pardo Suizo, Simmental, Chianina, Limousin, Criollo Limonero, entre otras), ha permitido la obtención de muchas razas nuevas, por lo cual éstas son consideradas subespecies de una misma especie. De todo esto se deduce que, en muchos casos la línea divisoria entre las especies es confusa.

Además de las diferencias morfológicas, debemos destacar que entre estas dos subespecies existe desde el punto de vista zootécnico una gran variación, expresada tanto en ventajas como en limitantes para su explotación comercial en el medio tropical.

Entre las ventajas que presenta el vacuno europeo se encuentra su potencial de producción (tanto de leche, como de carne), alta fertilidad y precocidad, mientras que por la parte del Cebú y los criollos encontramos la adaptación al medio tropical, resistencia a plagas y/o enfermedades locales, al igual que la habilidad para pastorear y utilizar ese recurso para producir.

De allí que los cruces taurus-indicus sean la vía más directa y segura para lograr mantener los efectos heteróticos (producto del cruzamiento) en nuestros rebaños y se justifican como una alternativa moldeada a las apremiantes necesidades de tener un sistema más flexible y por consiguiente, menos vulnerable a las volátiles políticas agropecuarias.

Todo ello debido a que los cruzamientos son probablemente la forma más rápida de mejorar el potencial genético de una población, convirtiéndose en una práctica de manejo extremadamente útil para la producción animal.

Cuando la reproducción se da dentro de una raza se denomina apareamiento o reproducción en raza pura, mientras que si se da entre distintas razas, estirpes, líneas, subespecie o especies se denomina cruzamiento, aunque actualmente se utiliza como término general el de cruzamiento. En ese orden de ideas, a la descendencia de cruzamientos planificados se le denomina animales cruzados, mientras que a aquellos productos de cruzamientos indiscriminados se les llaman mestizos, que no tienen una composición genética definida.

A diferencia de la variación intra-raza, las diferencias entre las razas y sus cruces respecto a la eficiencia en la producción y adaptación, pueden explotarse con rapidez, precisión y gran flexibilidad para producir genotipos de la descendencia materna o paterna, mejor adaptados a un sistema de manejo dado y con atención en las preferencias del mercado. Sin embargo, debemos destacar que dichas ganancias no serán acumulativas, por lo cual se requiere una selección dentro del genotipo creado para mantener una mejora sostenida; eso es, mantener los efectos aditivos aportados por cada uno de los progenitores.

Efectos de los cruzamientos

 El cruzamiento implica aparear individuos con menos genes en común que el promedio de la población de la que forman parte, produciéndose como principal efecto (aunque no el único) la heterosis, término utilizado para describir el incremento del vigor que presentan los individuos cruzados respecto a sus padres, independientemente de la causa que lo originó.

Desde el punto de vista genético la heterosis se da por efecto de la dominancia. La heterosis al igual que la depresión consanguínea, depende de la arquitectura genética de la característica. Las determinadas por genes cuyo efecto es dominante o sobredominante, presentarán más heterosis que aquellas características determinadas por acciones de predominancia aditiva. Del basamento teórico que considera la epistasis como probable causa de heterosis, se puede concluir que los efectos por este fenómeno son relativamente pequeños.

En la práctica puede estimarse el grado de heterosis, mediante la desviación de la media de la descendencia de cruzamientos recíprocos, a la media de las razas paternas respecto al carácter evaluado. Habitualmente se expresa como porcentaje:

El porcentaje de heterosis que acabamos de definir se denomina heterosis individual y cuantifica el vigor híbrido atribuible al aumento de la heterocigosidad de los individuos cuyas características se miden. Algunas características pueden presentar también heterosis materna, es decir, superioridad debida a la heterocigosidad de las madres de los animales que se evalúan. Si, por ejemplo, las vacas cruzadas tuvieran un comportamiento materno mejor que el de las razas puras, esto podría reflejarse en los pesos al destete superiores de sus becerros. Si en el sistema de cruzamientos, tanto las madres como los descendientes fueran animales cruzados, podrían acumularse los dos tipos de efectos.

Algunas consideraciones a tomar en cuenta en la heterosis del ganado bovino son:

  1. El porcentaje de heterosis frecuentemente difiere entre cruces recíprocos. La causa más probable e importante es la influencia del ambiente materno. En los bovinos, se ha visto como el ambiente uterino afecta el peso al nacer de los becerros; de igual manera, la producción lechera de la madre influye en el peso al destete.
  2. El porcentaje de heterosis depende de las razas involucradas en el cruzamiento. Como la heterosis depende de las frecuencias de los genes que intervienen en la característica, es razonable esperar diferentes porcentajes de heterosis entres los cruzamientos, ya que la variación entre las razas surge de la selección para objetivos particulares en ambientes específicos, originando cambios en las frecuencias génicas.
  3. El porcentaje de heterosis observado depende del ambiente en el que se ha hecho la comparación, dado que puede existir una interacción genotipo-ambiente. La heterosis difiere entre características, siendo mayor en aquellas donde predominen los efectos de genes con dominancia, tales como los relacionados con la supervivencia, vigor y eficiencia reproductiva. En cambio, las características como tasa de crecimiento, índice de conversión y calidad de la canal muestran bajo porcentaje de heterosis ya que allí predominan los efectos aditivos.
  4. Finalmente, se puede acumular la heterosis individual y materna en cada una de las características para dar mayor porcentaje de heterosis respecto la eficiencia total de la producción.

Los sistemas de cruzamientos le permiten al mejorador combinar genes de diversas fuentes y crear combinaciones de genes y de caracteres que no existían en las poblaciones parentales. La combinación de razas con el fin de maximizar el valor de la descendencia en relación con la productividad total, se conoce con el término de complementariedad. Dicha complementariedad requiere del uso de razas que contrarresten parcialmente sus deficiencias, como sucede entre Bos taurus y Bos indicus. Un ejemplo podría ser la producción de animales para carne, para lo cual la línea materna se selecciona por características reproductivas, mientras que, la paterna se selecciona por crecimiento y calidad de la canal.

Propuesta de cruzamientos

 En la actualidad, el ganado doble propósito aporta cerca del 70% de la producción láctea y 50% de la carne que se consume en el país. Se estima que sus niveles de producción láctea están cerca del 1500 kg en 230 días de lactancia, con una tasa de crecimiento de 300 a 350 g/d, en animales cuya mayoría oscilan alrededor del media sangre (½ taurus ½ indicus). La gran pregunta es ¿Nos conformamos con esos niveles? O ¿incrementamos los genes de producción Bos taurus?

Hay que estar claros, en que no existe una receta en lo que a cruzamientos se refiere, ya que dentro de la ecuación aditiva de Fenotipo = Genotipo + Ambiente + Interacción_        , este último componente, es decir, la interacción genotipo x ambiente juega un rol muy importante que nos deja un abanico de opciones para la planificación de los cruzamientos.

En el capítulo anterior de Sistemas de cruzamientos se indica una serie de posibles tipos de cruzamientos, los cuales podemos utilizar y adaptarlos a nuestros sistemas de producción. De acuerdo a nuestro criterio y experiencia, encontramos que de esas opciones el cruzamiento alterno, es el que podría servir para un gran número de ambientes. Este tipo de cruzamiento, es el que por muchas décadas han utilizado los productores de la Cuenca del Lago de Maracaibo y es el que les ha permitido subsistir a pesar de las cambiantes políticas gubernamentales a través del tiempo. Todo ello a pesar que tales cruces no se dan entre razas puras, aunque si en su forma de agrupar los animales por predominancia y asignar el toro de su complementaria necesidad.

Es decir, en el argot popular nuestros productores organizan sus rebaños en predominantes europeos, Holstein y/o Pardo Suizo que son apareados con toros Cebú,

Brahman u otro acebuado y predominantes Cebú, animales con orejas y ombligos largos, presencia de giba y prepucios largos en machos, apareados con Holstein o Pardo Suizo, de acuerdo a su preferencia. Esto va a producir una nueva generación que será la contraparte de la original, es decir, los descendientes de los predominantes europeos serán predominante Cebú y viceversa (Figura 1). De allí en adelante se empieza a alternar la raza de los toros en los descendientes de las generaciones sucesivas.

Este tipo de cruzamiento, con el tiempo tiende a estabilizarse en las proporciones entre 2/3 partes del raza del toro anteriormente utilizado y 1/3 de la raza complementaria; algo similar a lo que ocurre cuando de forma planificada se realizan cruces alternos de 2 razas o subespecies como las que se dan el trópico, ya que después de la quinta generación, es decir después de formar el 5/8 (62,5%), las demás generaciones tienden a mostrar entre 63 y 68% de la raza del toro anteriormente utilizada en el programa de cruzamientos (Figura 2).

Con base en estas experiencias un tanto empíricas, pero efectivas, además del respaldo de la información científica disponible, es que proponemos como una opción para nuestro rebaños DP, el 5/8 ó 2/3 de sangre europea para fines de producción, tal y como lo han referido trabajos del trópico: Siboney de Cuba, el Pitangueiras y el Gyrholando en Brasil, en referencia a producción de leche o bien el Brangus, Bradford y Santa Gertrudis para la producción cárnica. No obstante, es nuestro deber advertir, que con esta proporción de genes europeos, estamos ante un genotipo de elevado potencial de producción, que depende a su vez de un ambiente (manejo, alimentación, sanidad) de mayor exigencia que un genotipo ½ Europeo ½ Indicus.

En conclusión, la planificación de los cruzamientos es indispensable a la hora de programar las próximas generaciones, más aún cuando lo que se busca es ir más allá de los cruzamientos para la obtención de media sangre, es decir, cuando buscamos incorporar más genes para producción en nuestro rebaño.

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